El periodista cultural en el cine (y fuera de él)

Todo arte es precioso

Permítame ser cínico. El cine no es un arte más trascendental que los seis que le preceden. Ocasionalmente requiere de más medios, pero eso es todo. Ni me hable del octavo arte, la fotografía, que si el antiguo testamento fuese una serie fotográfica nadie dejaria de creer en Dios. Ni me nombre el noveno ni el décimo, pues además de ser artes jóvenes, nadie los quiere entiender.

Ahora existen novelas gráficas, e incluso videojuegos autorales en plataformas digitales, pero a pesar del esfuerzo artístico de desarrollar propuestas independientes, el público del cómic y el videojuego no madura porque las industrias correspondientes deciden ver en estos medios como producto juvenil o bien como objeto de coleccionismo. Como ve, he consumido de aquí y de allá, siempre movido por el maravillamiento, las historias que conmueven y los mundos que se construyen de la nada. Pude haberme apasionado por el libro, pero a la celulosa le ganó el celuloide, porque el cine se ve mucho más involucrado en la comunicación de masas, uno de los intereses de mi carrera.

Los cómics han llegado al cine casi con tanta fuerza como el cine ha llegado a los videojuegos. Cada uno con sus herramientas peculiares tienen el mismo poder de contar historias.
Sin City: a dame to kill for (2014)

Los medios de comunicación son el rito diario de la tribu humana

El entretenimiento está saturado. Vivimos en un modelo ritual cuyo santo es la pantalla: apropiamos los mensajes en las películas, en los videoclips y hasta en los virales de Youtube. Como bromea la loca parodia de Robert Kirkman (The Walking Dead) en el quinto tomo de Marvel Zombies, una serie lo suficiente bien construida durante ocho temporadas podría zombificar a la humanidad. La experiencia de los productos de entretenimiento es una moneda social que intercambiamos:

nos definimos y nos relacionamos alrededor de la cultura, por lo que el capital cultural
es algo que cada uno se debe procurar celosamente.

Aquí es donde el especialista prescriptor debe aparecer, para orientar al público desde su campo de especialización, y en el caso del cine, aconsejar sobre los mejores estrenos y divulgar asimismo los clásicos como valor seguro. Pero un crítico es más importante que eso.

Hay que divulgar los clásicos como valor seguro.
Ordet (1955).

Acércate a tu interés con simpatía, pero con asco

El autor dará vida a fábulas y epopeyas que le devolverán una visión del mundo, y a través de la decodificación y el découpage el periodista puede llegar a los significados profundos, y a otro ente fantasmagórico que son las sensibilidades.

Confesaré que mi misión personal en el oficio de periodista cultural es la persecución de estas sensibilidades, tanto personales como grupales, y su resonancia con el espíritu del momento, esa consciencia colectiva que deriva con cada nuevo estado-del-arte.

El Vaporwave ha sido un corriente artístico de la segunda década de los 2000, en el que se palpa una gran sensibilidad melancólica generacional causada por la globalización y una visión distópica del consumismo. Esto ha desembocado una estética que se ha manifestado sobre todo en la música, en las artes visuales y en la moda.
Maniac (2018)

Como decía Susan Sontag “Nombrar una sensibilidad, dibujar sus contornos y contar su historia, requiere de una gran simpatía torcida por el asco”. O dicho de otra manera, la sensibilidad es difícil de reconocer desde dentro, y describirla requiere de terceros que se involucren en ella desde la distancia. Las relaciones entre autor, obra y público a veces pueden ser igual de interesantes que la obra en sí, y esa relación la rigen las sensibilidades.

Por eso, mientras el periodista generalista se apresura a por la primicia y los datos crudos, el especialista en su faceta más analista es aquél que ve tendencias y aproxima el arte como un objeto cambiante y en constante expansión presenciando su evolución.

La sensibilidad aúna todo tipo de arte, solo hace falta trazar las paralelas entre ellas.

Hay que ser el “perrito guardián” del cine

El cine no es ni el mejor “Tren eléctrico” que nunca le hayan regalado Orson Welles, ni el buen vino que dura un instante y te deja un sabor a gloria de Federico Fellini.

Es un mensaje en una botella, un mensaje escrito por 50 manos a la vez, según se tengan en cuenta equipos de rodaje, producción y posproducción. Porque el arte con grandes medios se vuelve incontrolable, la figura del director de cine es algo a criticar. Porque el cine es algo que consumimos cuotidianamente, con su prima bastarda la televisión, —que por cierto no ha sido numerada arte— el mensaje del cine es algo a criticar. Como los mensajes mienten y construyen el mundo, los guionistas que escriben el texto, los productores que lo enardecen, los actores que se lo apropian y las mismísimas industrias culturales que regurgitan mensaje son algo a criticar. Porque los medios pueden emponzoñarnos poco a poco con ideas acomodadas a gobiernos injustos, el crítico además de interesarse por lo artístico, puede permitirse ser tan político como quiera, ya que si el periodista es el quinto poder, el periodista de cine puede ser el watchdog, el perrito guardián del cine.

Y si de eso se trata, hay que defender las subvenciones al cine, por supuesto. Para que haya cine feminista, cine LGTB, cine poscolonial, para que los puntos de vista estén representados, y hay que evaluar la implementación de cada punto de vista para descubrir si es real o verdadero, todo en pos de controlar el poder ideológico de los monopolios y que el cine esté más lejos de la autoridad y más cerca del autor.

Celia Rico recoge el costumbrismo íntimo de Yasujiro Oozu en una sencilla historia femenina que explora el amor maternofilial y el momento agridulce de la madurez en que una mujer debe dejar a su hija volar del nido.
Viaje al cuarto de una madre (2018)

En todo caso, podrá ver que la cultura es inofensiva si se sabe consumir con espíritu crítico y ciudadano. Sea selectivo. No tema, que el periodista cultural estará allí para acompañarle.

Z. Armentano.